Negación vasca radical del capitalismo mundial

CUARTA CINTA: DONDE LA EXPLICACION DEL SIMULTANEO CRECIMIENTO DE LOS "7 DRAGONES ASIATICOS" Y DEL NUMERO DE POBRES EN EL MUNDO NOS LLEVA AL ENGANCHE DEL "PROBLEMA VASCO" CON EL CAPITALISMO HISTORICO

La victoria comunista china contra el hambre, la enfermedad y la pobreza y la forma específica de su Revolución: campesina y desconectada del capitalismo mundial

Atiéndeme cuidadosamente ahora porque lo que voy a contarte es crucial. La forma en que el Partido Comunista Chino, dirigido por Mao Zedong, consiguió hacer la Revolución China y crear la República Popular China fue radicalmente distinta de la Revolución Rusa. Fué una revolución campesina hecha en el campo aunque dirigida por un partido que se reclamaba del marxismo y partía de una base obrera e intelectual radical vinculada al marxismo. Fué una revolución que, en su proceso, evacuó las ciudades y se replegó hacia el campo y en el campo libró la guerra de liberación contra los japoneses a la vez que la guerra revolucionaria en la que la organización armada guerrillera que luchaba contra los japoneses conducía también una lucha de clases en el campo aislando a los terratenientes y apoyando las aspiraciones de los campesinos pobres.

En 1937 el Partido Comunista Chino tiene 40.000 miembros. En 1940 son 200.000 y hay cincuenta millones de chinos viviendo en las áreas base de su ejército. En 1945, cuando los japoneses son vencidos, Mao Zedong tiene un Partido Comunista Chino con un millón doscientos mil miembros. Y gobierna ya sobre noventa millones de chinos, a muchos de ellos desde tres, cuatro o más años antes, aplicando la Reforma Agraria en los territorios controlados. Los tres millones de miembros del Partido Comunista Chino que en 1948 están a un año de conseguir la victoria en la guerra contra los nacionalistas encabezados por el protegido de los Estados Unidos Chang-Kai-Chek (que abandona el continente en diciembre de 1949) ganarían porque sabían (y hacían) bien lo que Mao dijo a la periodista norteamericana Anna Louise Strong: "Una guerra popular no se resuelve tomando o perdiendo una ciudad sino resolviendo el problema agrario".

La larga lucha del Partido Comunista Chino le dió una base social amplia, campesina y obrera. Al crear la República Popular de China y desencadenar la Reforma Agraria tenía el apoyo del 90 por 100 del pueblo. Esa fué su gran diferencia con el partido bolchevique ruso de 1917. La revolución china fue obrera, campesina y antiimperialista a la vez. Y -de forma solidísima- estableció en la práctica y con la práctica, a través de años de lucha y guerra, que la alianza obrera y campesina era una condición estratégica duradera de la transición socialista.

Esa es la raíz de la diferencia radical entre el maoísmo y el sistema soviético ruso. La República Popular China se desconecta del sistema capitalista mundial y se dedica a intentar construir el socialismo en un país atrasado desarrollando las fuerzas productivas sin volver a crear unas relaciones sociales capitalistas sino desarrollando nuevas relaciones sociales socialistas. La China de Mao intenta hacer esto mediante un modelo fundamentalmente diferente del de la URSS, apoyándose en una colectivización agraria realizada muy rápidamente después de la Reforma Agraria y que, con el apoyo masivo de los campesinos, pasa de las formas inferiores de la cooperativa a las superiores ya en 1956. Samir Amin explica así el modelo:

"La observación del desarrollo de China entre 1950 y 1980 ilustra la naturaleza de las diferencias que separan esta experiencia de la de la Unión soviética. El método chino, inspirado en las directivas dadas por Mao en 1956, presenta en efecto las siguientes características esenciales:

a) Una igualdad deseada entre la remuneración real del trabajo rural medio y la remuneración real del trabajo medio de los obreros y de los empleados urbanos (los campesinos no sufren ninguna sangría obligatoria no remunerada en especie o en trabajo forzado); dicha igualdad no resulta de las leyes económicas espontáneas, sino de una decisión política global que da su sentido a la alianza obrera y campesina.

b) Dentro de cada grupo, rural y urbano, las remuneraciones del trabajo se distribuyen de manera relativamente igual en torno a su promedio.

Ambos principios no implican evidentemente una tendencia a la desaparición espontánea de las desigualdades. Por el contrario, las desigualdades regionales (así como las del excedente agrícola comercializado) y las desigualdades en el sentido de una rama en la que existen unidades de diferente productividad (así como las del beneficio resultante de la fijación del salario y de los precios a nivel nacional) tienden de por sí a acentuarse. Esto plantea un problema de articulación plan­mercado capaz de redistribuir los medios de acumulación desiguales.

A pesar de estas desigualdades, aquellas grandes proporciones han continuado siendo en su conjunto el objetivo principal de la estrategia a lo largo de los treinta años de historia de la China socialista. Sin embargo, el medio esencial para la puesta en marcha de esta política ha seguido siendo la planificación centralizada burocrática."

Por favor, para la cinta, retrocede y vuelve a escuchar ese diagnóstico y esa descripción de Samir Amin. Porque es necesario que entiendas bien que es así (desconectándose del capitalismo y aplicando a las relaciones entre el trabajo campesino y el trabajo urbano una ley del valor propia y desconectada de la economía capitalista) como la República Popular China ha conseguido el éxito, impresionante en Asia continental, de alimentar y vestir a toda su población erradicando el hambre. Y ello, habiendo aumentado en quinientos millones de personas su población desde su constitución hasta los primeros años ochenta. El éxito agrícola chino, que en su mayor y más decisiva parte se consigue en la época maoísta, ha sido el de saltar de producir sólo 110 millones de toneladas de cereales en el año de la victoria (1949), lo cual era 40 millones de toneladas menos que antes de la guerra chino­japonesa, a 170 millones de toneladas de cereales en 1957 y a 200 millones en 1964. Y de ahí a 240 millones de toneladas en 1970. Para alcanzar los 325 millones en 1981 y los 365 en 1989, los 384 en 1990, los 390 en 1991 y los 400 en 1992.

Escucha ahora en mi voz un testimonio de un testigo de peso. Josué de Castro es una figura mundialmente conocida, más aún que por haber sido durante los años cincuenta presidente de la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), por sus obras de investigador y profesor universitario. En su archifamoso El libro negro del hambre dijo:

"Cuando visité a China, en 1957, tuve ocasión de comprobar que casi no se notaban en la masa de población las clásicas señales de hambre tan corrientes en otras regiones subdesarrolladas. Toda aquella gama insólita de signos de hambre que los niños chinos presentaban con tanta frecuencia y que daban la impresión de ser de carácter racial -crecimiento retardado, flacura impresionante, palidez, boqueras, inflamaciones oculares, facies de tristeza y síntomas clínicos como el espesamiento de la piel, deformaciones óseas, etc.- pasó a ser una excepción. Toda la fisonomía de un pueblo crónicamente hambriento pasó a ser la de un pueblo razonablemente alimentado."

¿Fuiste tú uno de los miles de millones de telespectadores que pudieron comprobar el verano de 1992 como las chinas y los chinos que lograban numerosas medallas en los Juegos Olímpicos de Barcelona ejemplificaban la estatura y el desarrollo físico de un pueblo que ha erradicado el hambre?. Pues toma buena nota de que la principal victoria china contra el hambre se había producido ya en los primeros diez años de la República Popular.

¿Ves ahora como la realidad china es una prueba a contrario de que el capitalismo produce pobreza y miseria?. Porque el único gran país no colonizador que en el mundo ha escapado durante el siglo XX al empobrecimiento y al crecimiento espantoso de la miseria que el capitalismo ha provocado, ha sido precisamente China. Y lo consiguió precisamente porque se desconectó del capitalismo. Porque puso la política al mando y usó la fuerza del proletariado organizado para escapar de la ley del valor capitalista y establecer por la fuerza una relación entre el valor del trabajo campesino y del urbano decidida políticamente.

Los actuales éxitos económicos de la política de Deng habrían sido sencillamente imposibles si no se hubiera realizado durante casi treinta años aquella titánica labor que sacó a China de la miseria, el hambre, la enfermedad y la pobreza en la que le había sumido el capitalismo.

Con respecto al presente es evidente que la política económica actual china está dando los clásicos frutos envenenados que el capitalismo inevitablemente genera allí donde se le deja levantar la cabeza: explotación del trabajo, aumento de las desigualdades, corrupción galopante, paro, lujo insultante y ostentatorio en los corruptos y los explotadores, etc, etc, etc. Te confieso que no me fío nada de lo que dicen los dirigentes chinos. No me tranquiliza nada que el primer ministro chino, Li Peng explique en enero de 1992 a la flor y nata del capitalismo mundial en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos que: "La reforma en China no implica un cambio respecto al sistema socialista sino su automejora". Añadiendo que ello es así porque se aplica la regla para este período del socialismo "a cada cual según su trabajo" (que Marx explicó en su Critica del Programa de Gotha) como principal forma de distribución de la renta en "un sistema que asocia la planificación económica y la regulación del mercado". Y no me tranquliza nada porque, como Marx nos enseñó, sé que no hay que fiarse de lo que un hombre o un Partido dicen (o incluso creen) de sí mismos. Sino en lo que hacen. Y me angustia mucho de lo que están haciendo los dirigentes chinos por mucho que se sigan llamando Partido Comunista Chino.

Volvamos ahora a la constante que el análisis de los "dragones" nos permitió comprobar. La del funcionamiento desigual, la del crecimiento desigual, el hecho de que haya países que bajan y se empobrecen para que otros suban y crezcan, y que es precisamente una constante del capitalismo histórico.

Una constante de la que ya te he dicho que su conocimiento nos resulta fundamental a tí y a mí. Porque precisamente el mal llamado problema vasco actual (que en realidad es el PROBLEMA ESPAÑOL que estamos padeciendo) tiene su origen en una desesperada, insensata y fracasada maniobra de los españoles para resolver su descenso y decadencia en la jerarquía de países de la economía-mundo capitalista.

Como te dije igualmente antes esa característica del capitalismo histórico es también la razón de que tú y yo, para explicarnos lo que nos está pasando y lo que le está pasando al Sur de Euskal Herria tengamos que concentrarnos en repasar sólo una pequeña parte de los miles y miles de años de historia vasca. Precisamente los últimos 160 años de lucha de clases en el Sur de Euskal Herria.

Su peculiar opacidad y no ser un imperio, características específicas de la economía-mundo europea que ha acabado abarcando todo el planeta